Cada segundo puede ser eterno: el de un beso, el de mirar absortos una flor y contemplar un fruto, el del dolor, el de la muerte. Pero sin duda, el de la cercanía puede llegar a ser tan intenso que se pierdan los contornos del tiempo para amortiguar los altibajos de lo cotidiano, afrontar con tenacidad lo que se asoma y rendir homenaje a quien nos acompaña sin condiciones para ayudarnos a soportar el peso.